Memorias Palestinas

Prefacio

Estas memorias que escribo no son memorias sino una novela, aunque no todo lo que cuento es ficción. Algunos se impresionarán porque los nombres de los personajes son reales o imaginados, pero es obvio que hay algo de verdad, más bien casi todo. Es mi visión de lo que soy, un descendiente palestino en Chile, el que no ha estado especialmente conectado con su pasado. Por eso cuento lo que cuento: para redimirme de alguna forma. Es que tengo una visión de quien soy y de cómo estoy conectado con ese y este pueblo. Me llamo Ómar y soy quien les va a contar esta historia como una novela documental.

Capítulo 1

Un amigo en el camino

Mi familia viene de Beit Jala un pequeño poblado muy cerca (a no más de ocho kilómetros al sur) de Belén. Mi tataratataratataratataratatara abuelo (=TxN Abuelo) era pastor y agricultor y, por supuesto, comerciante. Tenía cabritos y olivos. Creo que se llamaba Andrawi, un nombre que le habían inventado sus Padres por influencia del invasor romano. Era el año cero, finales de diciembre. Andrawi estaba aproblemado porque ese mes no había vendido los suficientes cabritos ni todo el queso ni menos aceite y tenía que mantener a sus hijos. No se amilanó, ni se entristeció. Haciéndole honra a su carácter emprendedor decidió salir un domingo al pueblo a vender sus mercancías.

María, Madre de Jesús, vivía en ese tiempo en Nazareth, Galilea. Era muy buena, estaba casada con un carpintero, José, y era virgen. Un día llegó un ángel y le anunció que sería la madre de Jesús. María no lo podía creer, por qué ella, se preguntaba. Ante un edicto de César Augusto que ordenaba un censo, José tuvo un sueño y supo de inmediato que se tenía que llevar a María de ahí.

Andrawi estaba ofuscado, estaba cediendo, quería tirar la toalla. Se había levantado temprano, hace muchos días que no vendía nada y hoy, domingo, llevaba 4 horas y nada, nada de nada. Comenzó a preocuparse, que pasaría si llegaba a la casa con toda la mercadería de vuelta, cómo podría mirar a sus hijos, qué le diría a su esposa.

Asumiendo que le estaba yendo mal decidió ir a visitar a Farouk. Él era un gran amigo de mi abuelo al que visitaba con frecuencia cuando andaba vendiendo. Al igual que él se dedicaba a las ventas de distintos productos: tenía cabritos, mulas y algunos caballos.

Capítulo155

Registro civil San Antonio

Mil novecientos veinte (1920)

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2 responses

1 06 2009
Niée

Los contenidos del blog son un hallazgo que me dispongo a explorar y, por otro lado, cuando he encontrado estas memorias me ha confundido saber que he leído el capítulo 155 ¿y los otros dónde están? ¿Tal vez se trata de algún desafío cortazeano?
Un saludo amistoso, Ómar, de una lectora y aprendiz de linguísta

3 10 2009
paulosanparis

Profe:

De quién es este texto?
Está bueno para analizar algo o no? nos falta más corpus no más…capítulo 155, el profesor Vergara diría “¿y?”…jajajaja, saludos profe, se le estima “re artazo” por estos lados, como dicen en el campo, otro saludo, y como dice el profe Hoefler: “mmmmmmmmmmmmm, sí, no deja de ser interesante ¿ah?”
Resaludos desde este lado de la república (Antena City)…nos veremos por ahí en clases…

jajjajaajaa

Chao.

Hugo.

P.D:Tiene que salir a parrandear más po profe con nosotros, nos desprecia.

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